Estados Unidos ha exigido que Cuba se abra a la inversión privada, y La Habana ha aprobado reformas de gran alcance para fomentarlo. Por eso, el embajador de Cuba ante Naciones Unidas sostiene que quiere saber por qué Washington sigue acumulando sanciones que obstaculizan la apertura económica que lleva décadas buscando.
En una entrevista con The Associated Press esta semana, Ernesto Soberón Guzmán dirigió su pregunta al secretario de Estado de EU, Marco Rubio, el principal arquitecto de la política del gobierno de Donald Trump hacia la isla.
“¿A qué le tienen miedo? Si están tan convencidos de que el gobierno cubano es un gobierno incompetente, ¿por qué necesitan implementar casi cada dos semanas nuevas sanciones?”, preguntó el embajador.
El Departamento de Estado respondió a una solicitud de comentarios con una cita de Rubio en la que señala que se seguirán anunciando sanciones cada par de semanas para cerrar “las válvulas de escape que están tratando de crear en cada mecanismo”.
El jueves, Estados Unidos impuso más penalizaciones económicas al tejido industrial cubano, apuntando a empresas estatales de minería, metalurgia y construcción.
Cuba ha sido empujada al borde del colapso por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos en enero, que se sumó a un embargo que dura ya varias décadas y al incremento de las sanciones. Las medidas de la Casa Blanca, destinadas a presionar al gobierno de La Habana privándolo de financiamiento, han agravado los ya debilitantes apagones, han dejado a trabajadores sin transporte público, han paralizado infraestructura y han agravado la escasez de medicamentos y alimentos en la nación insular caribeña.
De acuerdo con Soberón Guzmán, las sanciones son el principal obstáculo para que Cuba abra su economía. Señaló que el impacto de las medidas de Estados Unidos —en especial la escasez de electricidad y la falta de combustible para operar un negocio o viajar— ha ahuyentado a inversionistas y turistas, una fuente importante de ingresos para el país.
Algunas empresas se han marchado de la isla, como la cadena hotelera española Meliá, que dependía de los ingresos del turismo y citó “importantes dificultades operativas, legales, económicas y financieras” al explicar su decisión.
“Literalmente, Estados Unidos ha hecho todo lo imaginable para tratar de disuadir a los inversionistas extranjeros”, afirmó William LeoGrande, profesor en la American University y destacado experto en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. “Cuando dicen ‘Bueno, queremos ver a Cuba abrirse a la inversión extranjera’, no están siendo sinceros (…) No es posible que lo logren sin algún tipo de alivio de sanciones”.
El objetivo del gobierno republicano de Trump, indicó, “no es sólo abrir Cuba económicamente, sino derrocar al gobierno cubano, cambiar la naturaleza del sistema político cubano”.
Cuba anuncia un gran giro económico
John Kavulich, presidente del Consejo de Comercio y Economía Estados Unidos-Cuba, dijo que la isla se vio obligada a hacer cambios cuando perdió su salvavidas económico con la destitución por parte de Estados Unidos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero.
“El resultado es que, en los últimos ocho meses, el gobierno cubano ha hecho más cambios comerciales, económicos y financieros en el país que los que se han hecho en conjunto desde la revolución”, apuntó.
Aun así, el gobierno de Trump sigue intensificando las sanciones, aumentando la presión sobre La Habana, que responde haciendo más cambios, comentó Kavulich.
“Pero desde nuestro punto de vista, faltan dos elementos: por un lado, que Cuba implemente mediante regulaciones todo lo que ha anunciado, y en segundo lugar, que el gobierno de Trump permita a las empresas estadounidenses tener más acceso al mercado cubano mientras estos cambios están en marcha”, explicó.
Los cambios anunciados en junio por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel buscan modificar de manera significativa la economía y la industria del país, que han estado estrictamente controladas por el gobierno socialista desde la revolución de 1959.
Incluyen un mayor margen para los negocios privados, importaciones y exportaciones sin el Estado como intermediario, la contratación libre de personal, la autorización de bancos privados, la posibilidad de que los cubanos inviertan en el extranjero y la posibilidad de que cadenas de comida chatarra se establezcan en la isla.
Soberón Guzmán señaló que hay oportunidades de inversión en bienes inmobiliarios, parques solares y energía para ayudar a aliviar la escasez de electricidad del país, así como en puertos deportivos y en la industria turística.
Christopher Hernandez-Roy, director interino del programa de las Américas en el Center for Strategic and International Studies, recordó que la última apertura económica bajo el gobierno demócrata del presidente Barack Obama “fue frenada más tarde por los propios cubanos, que temían que la apertura fuera demasiado lejos y pareciera amenazar el control político”.
En la actualidad, agregó, parece que los cubanos quieren realmente reformas económicas e inversión externa. Las reformas económicas de Díaz-Canel no son imposibles, pero las sanciones de Estados Unidos “limitan significativamente sus perspectivas de éxito”, señaló Hernandez-Roy.
Destacó la ironía de que la presión estadounidense “está ayudando a empujar a los cubanos hacia una mayor liberalización económica por necesidad, al tiempo que limita los recursos y el acceso necesarios para que esas reformas realmente mejoren la economía”.
Rubio dice que dirigentes cubanos “no saben lo que hacen”
A finales de junio, después de que se anunciaran las reformas, Estados Unidos impuso sanciones a cinco empresas estatales —tres de ellas vinculadas a un conglomerado empresarial dirigido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Conocido popularmente como GAESA, se cree que controla casi el 40% del producto interno bruto del país.
Rubio, exsenador por Florida cuyos padres nacieron en Cuba, no pareció impresionado por los cambios económicos recién anunciados. El mes pasado calificó a Cuba de “Estado fallido” con “un mal modelo económico”. Manifestó que sus dirigentes “no saben lo que hacen» y “no saben cómo arreglar su economía”.
“Creo que el desafío que Cuba ha enfrentado durante los últimos 15 años es que quieren mejorar un poco su economía, pero temen que si la mejoran demasiado perderán el control político sobre la gente”, dijo.
Rubio sostuvo que Estados Unidos está preparado “para hacer lo que podamos para concretar un cambio positivo en Cuba porque afecta directamente a nuestra seguridad nacional”, ya que está a apenas 145 kilómetros del territorio continental estadounidense. “Y queremos que Cuba sea próspera. Queremos que Cuba sea libre”.
El embajador cubano afirmó que implementar los cambios económicos sería mucho más fácil sin las sanciones, si empresas estadounidenses participaran en Cuba y si el comercio entre ambos países fuera posible.
La buena noticia es que hay contactos entre Washington y La Habana, apuntó. Pero rechazó dar detalles de lo que describió como “conversaciones muy sensibles”.
“Pero la cuestión es que incluso cuando Cuba está cambiando mucho (…) el gobierno de Estados Unidos mantiene la misma política de agresión hacia el pueblo cubano”, expresó Soberón Guzmán.







