Cancún, Q. Roo. — Lo ocurrido en el Kilómetro 0 del Bulevar Kukulcán sobrepasó el límite del derecho a la manifestación para convertirse en una parálisis directa a la vida cotidiana de Cancún. El bloqueo total de la Zona Hotelera expuso, una vez más, la dinámica de las movilizaciones teledirigidas en la ciudad.
El patrón se repite y diversos sectores afectados comienzan a señalar directamente a la litigante a cargo: la abogada Ariadne Song. De acuerdo con las quejas de trabajadores e inconformes, se le acusa de consolidar un modus operandi basado en la presión mediática y el colapso urbano, instrumentalizando causas sensibles e incluso exponiendo a menores de edad con el objetivo primario de presionar a las autoridades y asegurar el cobro de sus honorarios.
Mientras el litigio se traslada violentamente a las calles, los platos rotos los paga la ciudadanía de a pie. Las imágenes de la jornada mostraron a miles de camaristas, cocineros y personal operativo obligados a caminar kilómetros bajo el sol para llegar a sus centros de trabajo, así como a turistas extranjeros recorriendo a pie los acotamientos con maletas a cuestas para evitar perder sus vuelos.
La indignación en Cancún va en aumento: la infraestructura pública resulta dañada, la imagen del destino turístico sufre impactos severos y los derechos de miles de familias a movilizarse y trabajar quedan supeditados a la estrategia de cobro de un despacho legal.






