Después de unas vacaciones, volver a la computadora y descubrir que cuesta concentrarse, hay cansancio, irritabilidad, insomnio o una sensación persistente de ansiedad puede parecer parte natural del regreso al trabajo. Sin embargo, atribuir todos estos síntomas al estrés puede llevar a pasar por alto otros factores relacionados con la alimentación, el descanso y el estado nutricional.
El regreso masivo a la rutina tras el verano de 2026 ha puesto nuevamente sobre la mesa el impacto que tienen las exigencias laborales sobre la salud. De acuerdo con una encuesta realizada entre más de 3 mil profesionales, 77% reconoció sentir ansiedad al pensar en la carga de trabajo acumulada durante sus vacaciones. A ello se suma un reporte de Mental Health UK, según el cual 91% de los adultos experimentó niveles altos o extremos de estrés durante el último año.
No obstante, especialistas advierten que síntomas como fatiga, dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño o palpitaciones también pueden estar relacionados con deficiencias nutricionales y otros problemas de salud, por lo que no deben atribuirse automáticamente al estrés.
Magnesio y vitamina B12, nutrientes que requieren atención
El magnesio participa en numerosas funciones del organismo, entre ellas el funcionamiento muscular y nervioso. La vitamina B12, por su parte, es necesaria para la formación de glóbulos rojos y el adecuado funcionamiento del sistema nervioso.
Diversos estudios han documentado que una ingesta insuficiente de estos nutrientes puede asociarse con distintos síntomas. Un análisis publicado en 2025 estimó que alrededor de 31% de la población mundial no consume suficiente magnesio. En Estados Unidos, datos de NHANES también han mostrado que una proporción importante de adultos no alcanza las cantidades recomendadas.
En el caso de la vitamina B12, el riesgo de deficiencia puede aumentar en determinados grupos, entre ellos adultos mayores y personas con dietas restrictivas o problemas que dificultan la absorción del nutriente.
Sin embargo, especialistas señalan que estos síntomas no permiten diagnosticar por sí mismos una deficiencia. Para determinar si existe un problema nutricional se requiere una valoración médica y, cuando corresponde, estudios de laboratorio.
¿Estrés, cansancio o algo más?
La llamada “neblina mental” —término utilizado para describir dificultades de concentración, memoria y claridad mental— puede aparecer por múltiples razones. Dormir poco, modificar horarios durante las vacaciones, consumir alcohol, cambiar la alimentación, atravesar periodos de tensión o simplemente readaptarse a una rutina laboral pueden influir en el estado físico y emocional.
La Q.F.B. Zulema García Loyola, directora de Orientación en Salud, plantea que el estrés no debería convertirse en una explicación automática para cualquier malestar.
“El estrés se volvió un diagnóstico comodín. Cuando el médico no encuentra una causa clara, cierra el caso con ‘es estrés’, y la persona se queda sin respuesta real”, señala la especialista.
Desde esta perspectiva, una evaluación integral puede ayudar a distinguir entre agotamiento relacionado con la rutina, alteraciones del sueño, ansiedad, problemas metabólicos o una posible deficiencia nutricional.
La alimentación durante las vacaciones también cuenta
Los cambios en los hábitos alimentarios durante los periodos vacacionales pueden ser importantes. Comer a deshoras, aumentar el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares o alcohol y reducir la actividad física puede modificar la manera en que una persona se siente al regresar a su rutina.
A esto se suma la exposición al calor y una posible hidratación insuficiente, factores que pueden contribuir al cansancio y al malestar.
Por ello, especialistas recomiendan recuperar progresivamente horarios regulares de sueño y alimentación, mantener una adecuada hidratación y procurar una dieta variada que incluya fuentes de magnesio y vitamina B12.
No todo es cuestión de suplementos
Aunque las deficiencias de nutrientes pueden tratarse, recurrir directamente a suplementos sin confirmar que existe una carencia no necesariamente es la mejor opción. La cantidad necesaria depende de la edad, alimentación, condiciones individuales y otros factores.
Además, síntomas como palpitaciones, falta de aire, mareos o ansiedad persistente merecen atención médica, especialmente cuando son nuevos, intensos o se acompañan de dolor en el pecho, desmayo o dificultad para respirar.
El regreso de vacaciones puede ser un buen momento para revisar hábitos y escuchar las señales del organismo. La clave está en no normalizar el agotamiento ni asumir que todo malestar es consecuencia del trabajo: cuando los síntomas persisten, una valoración profesional puede ayudar a encontrar la causa y evitar tratamientos innecesarios.






